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domingo, 21 de agosto de 2011

Chunking Express: ¿Puede alguien decirme: “Me voy a comer tu dolor”?

Faye Wong Fuente

Otra de cine. En este caso es Chunking Express, la cuarta película del realizador chino Wonk Kar-Wai filmada en 1994. Fue producida en dos semanas y en oriente ganó todos los premios. Gracias a esta película, su realizador consiguió el pasaje al gran cine e incluso a la industria occidental, cuando los directores entraban ahí únicamente con sus relatos de karatekas. Esta nos muestra dos historias de amor, de la cual hablaremos sobre una de ellas.

La primera trata del encuentro entre un policía, el joven Agente 223 que no soportó la ruptura con su pareja y salió a buscar cualquier cosa, lo que venga. Vino una china occidentalizada, con peluca onda Marilyn Monroe, lentes negros y gabardina, “porque nunca se sabe cuándo va a llover o cuándo va a salir el sol”. Ambos están obsesionados con el 1º de mayo de 1994: uno porque es el cumplemes sin ella y la otra porque ese día la iban a matar, ya que los hindúes que transportaban merca y estaban a su cargo se perdieron. Muchos dicen que es una ficción sobre el traspaso de Hong Kong de manos británicas a la China comunista y eso está bien, pero no vamos a profundizar. Nos interesa la otra historia.

Tu infierno está encantador

Hablamos del comienzo de la relación entre Faye, una loquita que no puede encajar su esfera social con su mundo interior y que atiende el carro de chorizos chino, con el Agente 663, otro policía que también perdió un amor. Nuestro agente de segunda, de esos que andan en la calle para mantener el orden, se enganchó con una azafata, una gran metáfora para establecer la idea del amor adulto sin asidero, sin raíces ni otra cosa que presente. La china de la comida rápida se encariña rápidamente con él (en seis horas según la peli) y retiene la carta de despedida que le envía la azafata al Agente, con un sobre que también contiene la llave de su casa. Osea, más claro echale agua, fuiste.

Tony Leung Fuente
Nuestro policía no abre la carta, permite que Faye se la quede. Total, explicaciones sobraban. La soledad del tipo se llena hablando con los objetos, en especial los que guardan relación con la azafata (signo de su quiebre emocional). La curiosidad de Faye es más fuerte y se mete como intrusa en la casa de 663, todas las tardes. Primero revuelve sus cosas, después las ordena, luego deja marcas (le saca el repasador agujereado, cambia los osos de peluche con los cuales conversa el ex férreo agente de la ley, lo llama desde la ventana, cambia las etiquetas de las latas de sardina que come el agente), e incluso se esconde en su armario cada vez que nuestro policía amigo llega de improviso, pues cree que aquella llegará en cualquier momento.

En esos momentos a uno le viene la idea: “ah, pero este tipo es un nabo, cómo no se da cuenta”. Pero demos vuelta el ejemplo. ¿Y si nuestra casa, el lugar más intimo de nuestra esfera social, es en realidad una metáfora de nuestra cabeza? ¿No es justamente esa la tarea de la persona que ingresa a nuestra vida? Las minas llegan, juegan con nuestras cosas, nos cambian la música, las cortinas y el fregón. Hasta esconden la ropa de la otra, con todos sus perfumes naturales. Hacen un ejercicio a escondidas y dejan señales que son, en el mismo acto, un ejercicio de cordura y locura. Nuestra cabeza se convierte en el mundo de fantasía de ella mientras nosotros, claro, nos hacemos los nabos.

Faye Wong Fuente

¿Por qué no te dejás de pensar en labios que besan frío?

Eso sí, está bien que la otra nos limpie, pero el que debe ordenar es uno mismo. En uno de los tantos pires esperando a la viajante, el Agente 663 corre hacia su casa y encuentra un quilombo: el desborde de agua, la ropa en el piso y mojada, el dormitorio desprolijo. Llegó la hora de hacer el trabajo a fondo. Él mismo se encarga de poner todas las cosas de la azafata en un par de cajas, que deposita bien arriba, sobre un estante en la despensa. Al final encuentra a la piba de la comida rápida, acurrucada contra un rincón de nuestra casa/cabeza y temblando por el descubrimiento. Obvio que el paso siguiente es aceptarla, porque uno tiene que dejar de pensar en labios que besan, fríos, para cerrar un ojo y ver cuantos cuernos tiene el diablo. Pero la película tiene un giro cuyo final no voy a contar.

Fuente 
El film tiene un lenguaje onírico, tanto la primera parte como la segunda. No hay historia en su forma clásica, estamos meses en la cabeza/monoambiente del policía, sin mucho sentido narrativo, antes del desenlace acelerado. Es necesario que así sea, para contar el aspecto sicológico de manera interesante. Y nunca consumamos el amor: al término nuestra enamorada ofrece un viaje al agente pero, ¿adónde? “Donde quieras llevarme”, ¿qué otra cosa le va a decir? Y baja el telón.

Mención aparte para la versión de Dreams, el tema de Cranberries, pero en chino. Sí, en chino, cantada en su versión oriental por la propia Faye, que de día es actriz y de noche canta pop de protesta pero oficialista. Es la Britney Viglietti en mandarín.

Les dejo esta versión y el clásico de los Redondos, que para el caso vale. Les pido que no me toquen el volumen, porque a mí me gusta limpiar mi casa con la música bien alta. Y si no me van a ayudar a ordenar, por lo menos me levantan los pies de la alfombra que ya perdí mucho tiempo hablando. Gracias.





Si se decidieron, acá va el link para bajar la película http://bit.ly/idPsWu

sábado, 23 de abril de 2011

El día del meteorito

Diez, nueve, ocho,

Los vahos del whisky y las risas nos ayudaron a encontrarnos en cuestiones políticas. Pero eran charlas típicas de borrachos. Nada de cuestiones programáticas, eran soluciones finales clásicas de los beodos. Explico.

En su discurso, Paola era la embajadora de Gea o Gaya, “la de amplio pecho”, la naturaleza anterior al mundo y la razón, la que devino del Caos griego. Ella tiene la clásica angustia que nace luego del pecado original y, por lo tanto, volver a la naturaleza es su expiación. Comprende que el mundo no es sustentable tal como lo explotamos y que se debe parar la maquinaria humana antes que agote los recursos de la tierra.

Textual: “Las consecuencias de ese stop final son daños colaterales”. Es decir, si la muerte de millones de personas servía para detener la gran excavadora de recursos naturales en la que se había convertido la vida humana, chau, se apaga y punto.

Por su parte, Maximiliano confiaba en un instante particular. Compartía la ecopolítica sin hombres de Paola y sumaba un extraño concepto de comunidad.

siete, seis, cinco,

Sostenía la copa, pero también sostenía que era posible la caída de un meteorito en nuestro planeta y que sólo un acontecimiento de tamaña significación podía acercarnos como raza.

La ciencia, tan avanzada como arrogante, será capaz de identificar el meteorito que golpeará el planeta. Simplemente soñar con las consecuencias de tamaña catástrofe lo excitaba. Nos pidió que imagináramos los mares agitados, los terremotos, las cenizas precipitadas sobre la tierra fértil, la incomunicación digital, los recursos escasos.

Aterrador, ¿no?

Una cosa más. Maxi creía en un final sensible. Cuando el cono de sombras invada el planeta, anunciando la caída, todos nos vamos a sentir una comunidad, al fin. Seremos uno y millones, en un empuje empático y uterino.

Para confirmar sus ideas, me mostraron este video:






cuatro, tres, dos, uno,

La cerveza estaba caliente y sin espuma, pero igual la tomo. Un poco para darme tiempo a mí y a ellos también, porque no creía lo que estaba escuchando. Al principio creí que eran un par de ideas infantiles, hasta que recordé la cantidad de películas alusivas* o la cobertura del tsunami japonés. Esto lo creen muchas personas, me dije.

¿Cómo empiezo? Tengo que decir algo. Paso al baño. No es que el documental fuera malo, es que no era novedoso. Para alguien de izquierda, eran temas familiares. Pero uno de esos temas familiares vino a mi mente. Al lavarme las manos entiendo que ambos me hablan del Apocalipsis y no hay nada más político que el final de los tiempos.

Fuente 
En el siglo XIX las ideologías políticas casi no hablan de otra cosa más que del destino final del hombre. Los liberales, afirmando los ideales de la revolución francesa; los comunistas, sobre la base de la crisis del capital y la toma del poder; los anarcos con la desaparición del Estado. Y todo así.

Pero hoy en día no nos interesa. A nadie le importa pensar un poquito en un mundo imaginario y mejor, compararlo con el real y ejercer los cambios para que ambos se parezcan.

Todo eso nos impediría la nueva forma de pensar lo colectivo, que tiene un poco más que ver con el goce sin intermediarios ni lenguaje. Es decir, sin pensamiento ni conciencia. El mundo Coca Cola de las movidas juveniles antes que el de la política de Sophie Scholl, que para el caso vivía su apocalipsis nazi, ¿no?

Sentirte “tal como sos” es imposible si no soy capaz de transformarme en vos y ocupar tu lugar en el mundo, así como quiere Maxi cuando el cono de sombra nos esconda. ¿Cómo explicarle que eso es fascista?

Puedo aceptar que los avances humanos no nos garantizaron una vida más feliz. El siglo XX fue sin dudas el más sicópata. Lo que no acepto es que la industrialización deba sentarse en el banco de los acusados, debe hacerlo el hombre. Algunos.

Buscar un salvador externo e irreflexivo (como la naturaleza o un meteorito, o Dios) no nos quita de las manos el tema central del hombre: las cosas de los hombres son temas de los hombres.

La naturaleza es un tema de los hombres. Otorgarle a la naturaleza el espacio de un “otro” con el cual puedo negociar mano a mano es irracional y suicida. Lo lógico es que la sustentabilidad la dirija el hombre y la defiendan los hombres, y eso se hace con organización, que es un tema de los hombres. Que vuelva la política. Hablo de la polis griega, con todas las letras.

¿Porqué es más fácil pensar en el fin de los días con una explosión antes de pensar en la organización de los intereses de la gente? ¿Cuál final es más loco?


cero, ignición.






* Listado de películas que hablan sobre el fin de los tiempos: si son del tipo ultimátum nuclear es fundamental Dr. Strangelove de Stanley Kubrick 1963, Threads de Mick Jackson 1984, Miracle Mile de Steve de Jarnatt 1988; si viene por la explicación alienígena La guerra de los mundos de Steven Spielberg 2005, La invasión de los ultracuerpos de Don Siegel 1956 y de Philip Kauffman 1978, Independence Day de Roland Emmerich 1996, o si es por pandemia (o zombies, que para las pelis yankies es lo mismo) con The Omegaman de Boris Sagal de 1971, Twelve Monkeys de Terry Gilliam de 1995, Infection de Albert Pyun 2005, Carriers de Alex y David Pastor 2009, o "2084" de George Blumetti del año pasado.

Pero de lo que nos compete, la distropía natural, recomiendo Hijos de los Hombres de Alfonso Cuaró 2006, obvio Armaggedon de Michael Bay 1998, o Deep Impact de Mimi Leder 1998, o la más ajustada para nuestro caso El día de Mañana, también de Roland Emmerich pero de 2004. También recomiendo El tiempo del Lobo de Michael Haneke 2003, o El Síndrome de China de James Bridges 1973.



martes, 30 de noviembre de 2010

Another brick in the wall a la pantalla grande!

El productor de cine de la película “La reina”, Andy Harries, filmará una versión de la canción de PkFlyd. Es una biografía de los alumnos que cantaron la canción Another brick in the wall. También mostrará la vida de Alan Renshaw, el docente de la escuela que dirigió a los niños y que, además, intentó reformar las formas autoritarias de enseñanza en su país. Parece que la película será un híbrido entre "La sociedad de los poetas muertos" y "Escuela de rock". Habrá que esperar, porque Harries aún no cuenta con los derechos de autor. Igual, ahí estamos.



El temún de PkFlyd



Acá el profe explica el sentido de la poesía



Jack Black enseña rock: el profesor de los sueños!