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viernes, 17 de agosto de 2012

¿Qué es peor: matar con un destornillador o sobre un auto?

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Esta semana supimos que un hombre de 45 años ultimó a su hija de cinco, con 25 puntadas de un destornillador. El hombre desarrolló una psicosis crónica y esquizofrenia, por lo tanto, fue declarado inimputable y derivado al hospital Vilardebó. Según la pericia forense, interpreta los hechos en un contexto delirante, sufre insomnio, anorexia y nunca fue tratado. La misma semana, la Unasev informa que un uruguayo muere en las rutas cada 17 horas, víctima de un siniestro de tránsito.

lunes, 25 de junio de 2012

Tsunami paraguayo: volvió la ideología!!


Federico Presidente. Fuente.

Y un día nos levantamos con un golpe a la democracia en Paraguay. Lo que se dice: una verdadera trasnochada. Después, nunca fue tan claro lo ideológico en Uruguay. Para algún despistado u otro fan del posmodernismo-fukuyama, este incidente fue el destape. No se vio nada así desde, por lo menos, la época del Muro de Berlín. Y si no, fíjense.



domingo, 11 de diciembre de 2011

La crisis europea vista por una plástica uruguaya: "Mia patria, si bella e perduta"

Daniela Sersale
Yo soy de los que considera a las entrevistas con músicos, plásticos, teatreros, bailarines y demás, como inútiles. Es muy difícil que una persona con la sensibilidad entrenada diga algo inteligente, que es una exigencia que está visible siempre en las notas. En especial para la gráfica porque, básicamente, es difícil ver o escuchar una pieza artística. Y además, porque no tienen mucho más para decir después de lo que hacen.

En el acuerdo o el disenso, hay excepciones:

sábado, 3 de diciembre de 2011

La Teletón no es la respuesta

Fuente

Empezó la Teletón. Como ya sabemos, es un evento organizado por primera vez en 1978 por Don Francisco, el presentador televisivo más conocido que ofreció Chile. Una nota publicada por Focoblanco recuerda que durante esos años de pinochecato ésa fue la respuesta para resolver un problema público: pagar la salud más costosa para las personas más vulnerables. Y hoy el argumento es el mismo, básicamente. Quiero develar cierto tipo de complicidad en esta acción.

domingo, 21 de agosto de 2011

Chunking Express: ¿Puede alguien decirme: “Me voy a comer tu dolor”?

Faye Wong Fuente

Otra de cine. En este caso es Chunking Express, la cuarta película del realizador chino Wonk Kar-Wai filmada en 1994. Fue producida en dos semanas y en oriente ganó todos los premios. Gracias a esta película, su realizador consiguió el pasaje al gran cine e incluso a la industria occidental, cuando los directores entraban ahí únicamente con sus relatos de karatekas. Esta nos muestra dos historias de amor, de la cual hablaremos sobre una de ellas.

La primera trata del encuentro entre un policía, el joven Agente 223 que no soportó la ruptura con su pareja y salió a buscar cualquier cosa, lo que venga. Vino una china occidentalizada, con peluca onda Marilyn Monroe, lentes negros y gabardina, “porque nunca se sabe cuándo va a llover o cuándo va a salir el sol”. Ambos están obsesionados con el 1º de mayo de 1994: uno porque es el cumplemes sin ella y la otra porque ese día la iban a matar, ya que los hindúes que transportaban merca y estaban a su cargo se perdieron. Muchos dicen que es una ficción sobre el traspaso de Hong Kong de manos británicas a la China comunista y eso está bien, pero no vamos a profundizar. Nos interesa la otra historia.

Tu infierno está encantador

Hablamos del comienzo de la relación entre Faye, una loquita que no puede encajar su esfera social con su mundo interior y que atiende el carro de chorizos chino, con el Agente 663, otro policía que también perdió un amor. Nuestro agente de segunda, de esos que andan en la calle para mantener el orden, se enganchó con una azafata, una gran metáfora para establecer la idea del amor adulto sin asidero, sin raíces ni otra cosa que presente. La china de la comida rápida se encariña rápidamente con él (en seis horas según la peli) y retiene la carta de despedida que le envía la azafata al Agente, con un sobre que también contiene la llave de su casa. Osea, más claro echale agua, fuiste.

Tony Leung Fuente
Nuestro policía no abre la carta, permite que Faye se la quede. Total, explicaciones sobraban. La soledad del tipo se llena hablando con los objetos, en especial los que guardan relación con la azafata (signo de su quiebre emocional). La curiosidad de Faye es más fuerte y se mete como intrusa en la casa de 663, todas las tardes. Primero revuelve sus cosas, después las ordena, luego deja marcas (le saca el repasador agujereado, cambia los osos de peluche con los cuales conversa el ex férreo agente de la ley, lo llama desde la ventana, cambia las etiquetas de las latas de sardina que come el agente), e incluso se esconde en su armario cada vez que nuestro policía amigo llega de improviso, pues cree que aquella llegará en cualquier momento.

En esos momentos a uno le viene la idea: “ah, pero este tipo es un nabo, cómo no se da cuenta”. Pero demos vuelta el ejemplo. ¿Y si nuestra casa, el lugar más intimo de nuestra esfera social, es en realidad una metáfora de nuestra cabeza? ¿No es justamente esa la tarea de la persona que ingresa a nuestra vida? Las minas llegan, juegan con nuestras cosas, nos cambian la música, las cortinas y el fregón. Hasta esconden la ropa de la otra, con todos sus perfumes naturales. Hacen un ejercicio a escondidas y dejan señales que son, en el mismo acto, un ejercicio de cordura y locura. Nuestra cabeza se convierte en el mundo de fantasía de ella mientras nosotros, claro, nos hacemos los nabos.

Faye Wong Fuente

¿Por qué no te dejás de pensar en labios que besan frío?

Eso sí, está bien que la otra nos limpie, pero el que debe ordenar es uno mismo. En uno de los tantos pires esperando a la viajante, el Agente 663 corre hacia su casa y encuentra un quilombo: el desborde de agua, la ropa en el piso y mojada, el dormitorio desprolijo. Llegó la hora de hacer el trabajo a fondo. Él mismo se encarga de poner todas las cosas de la azafata en un par de cajas, que deposita bien arriba, sobre un estante en la despensa. Al final encuentra a la piba de la comida rápida, acurrucada contra un rincón de nuestra casa/cabeza y temblando por el descubrimiento. Obvio que el paso siguiente es aceptarla, porque uno tiene que dejar de pensar en labios que besan, fríos, para cerrar un ojo y ver cuantos cuernos tiene el diablo. Pero la película tiene un giro cuyo final no voy a contar.

Fuente 
El film tiene un lenguaje onírico, tanto la primera parte como la segunda. No hay historia en su forma clásica, estamos meses en la cabeza/monoambiente del policía, sin mucho sentido narrativo, antes del desenlace acelerado. Es necesario que así sea, para contar el aspecto sicológico de manera interesante. Y nunca consumamos el amor: al término nuestra enamorada ofrece un viaje al agente pero, ¿adónde? “Donde quieras llevarme”, ¿qué otra cosa le va a decir? Y baja el telón.

Mención aparte para la versión de Dreams, el tema de Cranberries, pero en chino. Sí, en chino, cantada en su versión oriental por la propia Faye, que de día es actriz y de noche canta pop de protesta pero oficialista. Es la Britney Viglietti en mandarín.

Les dejo esta versión y el clásico de los Redondos, que para el caso vale. Les pido que no me toquen el volumen, porque a mí me gusta limpiar mi casa con la música bien alta. Y si no me van a ayudar a ordenar, por lo menos me levantan los pies de la alfombra que ya perdí mucho tiempo hablando. Gracias.





Si se decidieron, acá va el link para bajar la película http://bit.ly/idPsWu

martes, 26 de julio de 2011

Artigas Pop: Por qué no me gustó La Redota

Fuente

Hoy estrenaron la pelicula de César CharloneLa Redota” en el Solís y quería poner en debate algunas cosas. Sección cinéfilos primero, porque no es el tema. Muy bueno todo: reconstrucción de época, guión, actores; Esmoris bien, los lugares bien, hay uruguayez. Lo digo desde mi lugar de espectador ya que nunca agarré una cámara, pero como producto película de cine es buena. Las películas de hoy son máquinas trágicas cuyo objetivo es llegar al final y este film cumple la regla. No será Terminator pero encara.

La historia no trata de José Artigas. El presidente Máximo Santos encarga un cuadro del más importante de los Pepes a Juan Manuel Blanes y este, apremiado por el tiempo y las obligaciones, estudia los materiales que la oficina presidencial le dispensa, para hacerse una mejor idea de quién era el tipo éste del que tanto insiste Santos. Estamos en 1886, fundando la república y la nacionalidad.

Así que Blanes, antes de agarrar la brocha gorda, lee los textos artiguistas. “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”, “sean los más infelices los más privilegiados”, "el despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los pueblos" (esa es buena), "nada podemos esperar si no es de nosotros mismos" (esa es boluda), toda esa batería de frases escolares, a Juan Manuel no le sirven para pintar una cara. Da la casualidad que encuentra unos retratos de aquel que buscó a José Gervasio para matarlo, y es a partir de esos dibujos que Juan Manuel reconstruye la historia para nosotros. Esa es la película. Pero hay algunos puntos en los cuales me quiero detener.

Máximo Santos
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El papel de Máximo Santos es representar al Estado. No solamente ese lugar fundador que necesita un mito para identificarnos, como propone la película. También vemos los motivos y maneras propias del aparato estatal: desde su burocratismo hasta su represión. Desde apurarlo con los plazos de la pintura, desde la manía por acopiar material del héroe, hasta el final cuando solicita a Blanes que saque la chusma que rodea a Artigas. Santos ES el Estado autoritario, y esa interpretación me parece un error posmoderno.*

Blanes quería sentir a Artigas porque, claro, es un artista**. Así que interpreta los dibujos de Guzmán Larra, el enviado para asesinar al caudillo. Eso sí, los dibujos no vienen con manual, como el arte, así que de lenguaje nunca hablamos. Si no hablamos de lenguaje, no hablamos de política. Yo pregunto: ¿de qué está hecha la sociedad?, ¿cómo nos organizamos sin lenguaje?, ¿cómo nos interpretamos? La cosa pública para los griegos clásicos era aquello que se podía pensar. Hoy no le permitimos hacer eso, ni a Blanes, ni a Artigas. A Santos sí, porque es el Estado y es malo.

El viaje del sicario Larra es evidente, pero no por eso deja de ser malo como maquinaria narrativa. Quiere volver a España ya que es un realista y como tal, no tenía que hacer nada en un ex virreinato. Así que Manuel de Sarratea (malo, muy malo, más que el Estado, ¡así que imaginate!) lo contrata para matarlo. Pero de realista enemigo de Buenos Aires a artigüista convencido, según la película, le hizo falta una hora y media. No es que esté mal, sino que el chiste de identificarme con el sicario para descubrir a Artigas es malo. Explico porqué.

Juan Manuel Blanes
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Larra está enamorado de una mina, que es España. El enamoramiento sirve para no obligarse a explicar política. Es más, tampoco explica la política oriental, se limita a decir que lo más rico que tenemos es nuestro estado permanente de asamblea. (“lo más rico que tienen es su gente”, mientras los representantes de las diversas etnias que apoyaron al artigüismo debaten). Larra conoce a estos, los pueblos, a través de un collage, presentado en unos minutos. Pasan criollos, guaraníes, charrúas, paisanos, negros. Pero pasan, nadie explica porqué lo bancan al Pepe.

A cierta altura de la película la identificación público=Larra=Artigas es un espasmo. Al principio Larra sirve para descubrir al héroe patrio (a tal punto que se presenta como periodista, es decir, como observador objetivo de la realidad, ¿no?). Cuando a Larra se le trastocan los papeles y es ganado por el carisma caudillesco, te das cuenta que la película no se trata de otra cosa que de nosotros buscando a Artigas. Él mismo se lo dice: “Yo soy lo que ellos crean”, mientras señala a los paisanos.

Viene un chasque paraguayo con yerba y tabaco, cuando Artigas esperaba tropa para pelearle a los portugueses y comenzar a tejer una gran América. Matan al chasque. El crimen lo paga un paisano inocente. Eso tomó más tiempo en pantalla que una crisis militar, cuando se le va el coronel Martínez. Es que hablamos de sentimientos en una hora y media, pero no de política. Las frases escolares tampoco sirven para que nosotros lo reconstruyamos, necesitamos sentir al caudillo.

Dos Caminos, de Juan Manuel Blanes
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En una, Artigas llama al periodista/sicario/público y lo invita a descubrir su secreto: está organizando unas milicias con paisanos. Y el film nos muestra domas camperas, el momento donde el hombre intenta dominar a la naturaleza. No, perdón, esto es una película posmoderna: la doma representa al hombre siendo uno con la naturaleza. Cuando vean la película van a saber de qué hablo. Esta película presenta una conexión empática, uterina e individual con Artigas. ¡Esa es su misión, nuevo uruguayo!

El periodista/sicario/dibujante/espectador de hoy, sólo se puede construir desde este 2011 para poner al Artigas que quiere ver. No derriba ningún mito, que las garchadas ni las pajeadas te confundan (cuando veas la película también vas a entender este párrafo: esa escena sirve para fundir definitivamente a Larra/Artigas, las dos caras de la misma máquina). Dice que es padre de Andresito, que fue contrabandista, que es mujeriego, que no mata a los amigos.

Dice lo mismo que dice el mito pop de este principio de siglo. Lo hace más sólido, más impenetrable y justamente por eso, más personal. Armate el Artigas a tu medida, ésta película no te lo toca. Total, ¡viva la diversidad!

Fuente
Llevamos una hora y media. Los pueblos deciden qué hacer en asamblea. Algunos quieren negociar con los portugos, otros pelear a capa y espada. Larra ya es uno más, como nosotros, presentes en la asamblea. Artigas inscribe una “U” en una lanza y la tira, lo más lejos que puede. Dice que hasta acá es lo conocido, pero después de la lanza está la “utopía”. Claro, querido lector, esto es una película y, como todos los productos posmodernos, no tiene conflicto. No los quiere tener con sus consumidores, no le rinde. La utopía es de cada uno, expuesta en asamblea y ya está, después vemos. El problema es que el “después vemos” es justamente la política, eso que nunca formó parte de la película y que es el mayor legado de José Artigas.

La película va a ser un éxito taquillero porque tiene todas las condiciones para insertarse en la sensibilidad de este momento. Pero me decepciona que lo social y lo político estén emparentados con el collage y el desorden, antes que con la política, la síntesis y el lenguaje.

Collage. Cuando veas el cuadro original que pintó Blanes para Santos, te vas a acordar de mí.


*Todas las interpretaciones van más allá de lo histórico. En efecto, Máximo le pidió un cuadro a Juan Manuel para fundar la patria con imágenes y héroes de leyenda. Lo que cuestiono es desde qué lugar del hoy lo hacemos.



**Así como en una cosa la película se atañe a lo histórico, en este punto no lo hace. Blanes hizo estudios antropomórficos muy serios sobre la cara de Artigas en sus diferentes etapas vitales, en base al famoso retrato de Debray. Pero como toda ficción, tiene todo el derecho a basarse en lo real e ir más allá. Dudo si el lugar que eligió es el mejor.

viernes, 22 de julio de 2011

Cárcel de Campanero: Educación y trabajo como las claves para la rehabilitación de un recluso

Foto: Walter Paccielo, Presidencia
La prisión está en la cabeza, dice el director de la cárcel de Campanero Rodolfo Machado. Mientras nos explica cuáles son las líneas del nuevo sistema de gestión penitenciaria, dos carpinteros moldean una mesa a golpe de sierras y martillos. Quien toma los clavos cometió un crimen; quien se los entrega es policía, llega a las siete de la mañana para trabajar con el recluso mano a mano, sobre la madera, y lo llama “compañero”.

El Centro de Rehabilitación Campanero es un apéndice de la cárcel de Lavalleja, a pocos kilómetros de Minas, donde viven entre 30 y 40 personas privadas de libertad. Su objetivo es agregar un tratamiento al proceso de reclusión que hoy está vigente, para que los futuros egresados estén en condiciones de vivir en sociedad o, por lo menos, no quiebren la ley otra vez. Básicamente, la política de tratamiento que se imparte en Campanero es trabajo y educación.

Foto: Walter Paccielo, Presidencia
Acá lo que debe existir es una política de tratamiento penitenciario, afirma Rodolfo Machado, convencido por los cinco años de experiencia del proyecto. Pero para eso, aclara, el sistema debe contar con posibilidades para educarse, para formarse y para trabajar. Y también contar con respaldo de la sociedad civil, organizada hoy en una comisión de apoyo a la cárcel de Lavalleja, concluye.

Este apéndice carcelario cuenta con un astillero, talleres de carpintería, mecánica automotriz y herrería, dos bloqueras, una baldosera, criaderos para vacas, chanchos y cabras, además de la huerta y las horas de cocina, peluquería y cosmética para las mujeres que están recluidas en la prisión femenina.

Foto: Walter Paccielo, Presidencia
Para que un recluso ingrese a Campanero necesita el permiso de una junta de ingreso, compuesta por las autoridades de la Jefatura de Lavalleja y su cárcel departamental. Ellos evalúan si el caso a estudio es conciente que debe cumplir una disposición judicial, y si posee capacidad para vivir en régimen de semi libertad, porque en este centro de rehabilitación la reja más alta está a la altura de un adolescente. Sin embargo, no hay intentos de fuga.

Machado recuerda que en Campanero hay personas que cometieron delitos dolosos muy graves, pero son infractores de la ley penal que no tienen mentalidad delictiva. “No queremos que se contaminen con internos que tienen mentalidad formada en cárceles, queremos que salgan sin recibirse como delincuentes”.

Una vez ingresado, el nuevo recluso encuentra una barraca para alojarse, que compartirá con dos o tres privados de libertad. Las barracas están construidas con materiales de construcción elaborados o reparados por los propios presos. Cuentan con baño, cocina, calefacción a leña, energía eléctrica, roperos. Son habitaciones tan limpias como humildes, pero están muy lejos del hacinamiento de otros centros penitenciarios.

A Campanero llegan reclusos de todo tipo, inclusive gente que no fue alfabetizada. El centro cuenta con una maestra, un profesor de educación física, de manualidades, de cocina. Como todos tienen una jornada larga de labores, comienzan el día a las siete y, de acuerdo a las capacidades de cada uno, trabajan en lo que saben o aprenden, desde lavar y barrer hasta fabricar materiales de construcción en la bloquera, que elabora unos mil bloques por día.

Foto: Walter Paccielo, Presidencia
Mantener un centro de rehabilitación de estas características no es caro. Machado asegura que Campanero es capaz de autogestionarse. Además, pagan un peculio a cada recluso por su trabajo de 25 o 30 pesos por día. Quienes producen en la bloquera se reparten 200 pesos diarios.

Pero también producen otros productos que sirven para el consumo interno, como la leche, que no es proporcionada al centro por el Ministerio del Interior. “Y además, un centro de rehabilitación como este es más barato porque no es dinero de los contribuyentes destinado a un recluso que viola la ley una, dos, tres y más veces, como sucede hoy”, explica el director.

Durante el día de la entrevista, un recluso especializado en herrería explicó que sintió un “cambio total” con respecto al trato de otros centros de reclusión. Mientras conversábamos tenía la vista en la regla metálica que mide la extensión de las hornallas que, al finalizar el trabajo, formarán parte de una cocina. Los materiales que manufacturaba fueron donados por los vecinos y la cocina era para la cárcel de mujeres de Lavalleja. El recluso confía en la rehabilitación que proporciona el sistema. “Todos los policías te tratan con respeto, acá estamos con la cabeza en el trabajo”.

La cárcel masculina albergaba unos 21 reclusos hasta la pasada semana, cuando recogimos estas palabras. Pero frente a ellos se encuentra Campanero Mujeres, el centro de reclusión femenino para todo Lavalleja. Allí se encuentran mujeres con aptitudes para un régimen de semi privación de libertad y también reclusas cuya experiencia de vida es un desafío para los objetivos del centro.

Foto: Walter Paccielo, Presidencia
Una sola barraca aloja a las nueve reclusas. Los dormitorios están separados en habitaciones para madres y para solteras. Ellas se encargan de una huerta, donde alterna unas hectáreas a cielo abierto y otras con invernadero. Cultivan estragón, cilantro, albahaca, morrón, cebollinos, acelga, zanahoria, remolacha. El próximo mes limpiarán un depósito repleto de choclos, donde una máquina para desgranar maíz estará encargada de proporcionar el alimento para las gallinas, que es la responsabilidad de una de las reclusas.

“Estoy viva de casualidad”, concluyó una de las privadas de libertad al recordar su vida en otros centros de reclusión, plagada de abusos y maltratos. Hoy en día es la encargada de la biblioteca. “Los libros clásicos, los mejores, no los puse en el armario porque no tengo más lugar, así que ahí hay literatura barata y de la otra”, confiesa. “Acá el trato es humano. Entre las reclusas hay camaradería, hace mucho que nos conocemos y somos como de la familia”. Ambos reclusos, tanto ella como el herrero, sostienen que el sistema de reclusión de siempre es una escuela del crimen, donde se pierde todo, inclusive la dignidad.

Foto: Walter Paccielo, Presidencia
Rodolfo Machado tiene una visión muy personal dentro de la fuerza policíaca. Cree que en todos los centros del país hay un 33% de reclusos que no tienen necesidad de vivir hacinados y que pueden rehabilitarse en un sistema de extramuros, trabajando y aprendiendo. “Y estoy seguro que en un sistema de intramuros el 95% pueden tratarse en un sistema con trabajo y educación”, subraya. Hoy las experiencias similares se repiten en Colonia y Rivera. Cerro Largo y Rocha construirán en breve centros similares.





http://medios.presidencia.gub.uy/jm_portal/2011/noticias/NO_A680/NO_A680.flv


jueves, 7 de julio de 2011

El que lee esto es puto


Hay un nuevo discurso sobre lo específico de los textos para internet. Por ejemplo, los portales subrayan parte del texto porque, al parecer, quien lee páginas web presta menos atención a la lectura palabra por palabra; ahora el ojo barrena en busca de dos o tres líneas que tracen el sentido del texto a leer. Equivale a radiografiar para retener lo escencial del texto, como si las palabras fueran el cuerpo a correr.

Resaltarlo, subrayarlo, ponerlo en negrita, es una operación para un bisturí más filoso. Escribir es organizar el mundo, destacar un momento y jerarquizarlo. A esta interpretación se suma otra, la subrayada. Es reinterpretar lo primero interpretado, para hacerlo más fácil. Y quedan cosas como ésta:

El que lee esto es puto.

Claro, una vez destacado esto, ¿qué otra cosa queda para decir? Nada, porque no es para decir algo, es para retener. Es un dato: objetivo, separado y establecido como tal. Es decir, no se pone en discusión. Por tanto, no es para pensar. Es puto, y se acabó.

Soledad Platero, cuya reflexión sirvió como piedra angular de este escrito, señala que la operación pretende que quien lea repita esto como un loro. Que soy puto. No, mentira. Quiere expresar que un dato no se discute, no se lo piensa. Se afirma o se lo niega, pero no se está a favor o en contra. El dato es apolítico.

Y finaliza poniendo en el tapete algo fundamental. Señala que escribir es reflexionar y poner los significados en conflicto, frente a un mundo de datos y aforismos (¿de twits?). Un mundo que busca el milagro de ser entendido masivamente, sin que nadie tenga que releer, sin conflicto. Eso, sin conflicto. Recuerdo lo del meteorito...

Ahora, esto me abrió otra puerta. Georgina Torello recuerda en su nota -referida a teatro- al filósofo Samuel Weber cuando habla de la tele: si permanecemos donde estamos (el sillón, para el caso) las catástrofes van a estar siempre afuera, van a ser siempre objetos para un sujeto, para nosotros. “Nuestra seguridad es la promesa implícita de los medios”.

Y atrás de esa sensación de seguridad, te vende. Vos mirá tranquilo acá sentado, que yo te explico, te educo, te muestro la realidad digerida y te mecho la publicidad, la música, el consumo. Cambio conceptos: vos leé tranquilo acá sentado, que yo te explico, te resumo, te muestro la realidad digerida y alimento tu consumo.

La idea, como bien refiere el crítico de arte Robert Hugues, “es dejarte ciego para que no tengas tu criterio”, no es para leer la noticia, es para comentar que leíste la noticia: la diferencia radica en que leer es una experiencia real y la otra no, es una fantasía. Como dice Susan Sontag, la conmoción se ha convertido en la principal fuente de valor y estímulo del consumo.

Consumir cosas sin significado ni profundidad no está alineado con un país y un mundo más preparado para debatir, con mayor discusión política y, por tanto, más educado, más justo y con mejor futuro. La palabra es el mejor instrumento para alcanzar un mundo más equitativo.

Por lo tanto, voy a dejar de subrayar palabras en mis textos. Y si lo hago, es porque soy reputo.





"Alien Duce adornó tu esclavitud, y en un edificio en llamas te encanó"


Pd: Y como dice Feinmann “no hay pelotudo que no tenga un blog y ponelo en negrita

lunes, 23 de mayo de 2011

sábado, 7 de mayo de 2011

A mí me gustaba el Charly García drogado (o la crítica que NO hay que escribir)

Mentira, no me gusta ver pasado a Charly. Pero esta semana leí un par de críticas en medios montevideanos donde apuntan las baterías a lugares inadecuados para describir arte.

Daniel Viglione entrevista al músico para El Observador y subraya la falta de respuestas a las cuestiones ligadas con drogas. Hace dieciséis preguntas, siete hacen referencia explicita con la cocaína y el resto a su modo de vida. De música, nada.

Explicita que el músico prefiere no hablar de sus años de descontrol, a pesar de su insistencia. Le pide una reflexión “sincera y cruel” sobre su obra. Y termina con una pregunta Luis Majul (“¿sos feliz?”): consulta qué le pediría a Dios.

Me queda claro que el tipo fue a buscar un titular vinculado a un juicio negativo sobre las drogas. La última pregunta alude a los narcóticos: responde “Seguir recibiendo y dando amor, esa es mi única droga de hoy”. Terminó la nota, obtuvo su titular mareado.

Habría que explicarle a la gente de El Observador que los católicos no son el 100% de sus lectores. Algunos sentimos la atracción por las preguntas inteligentes.

Si bien la entrevista de Gastón Pérgola realizada en enero para El País fue más respetuosa, las últimas novedades para el diario van de la mano del escándalo. Los hijos, Palito Ortega, la medicación psiquiátrica. Aún no hablamos de música.

Gonzalo Curbelo, para La Diaria, no tuvo acceso al músico. Repasó la carrera solista con algún guiño a sus años anteriores. Pero viene con la misma propuesta de fiscal penal, de crítico artístico no.

Curbelo subraya las influencias pop de los años solos y olvida que explotó la samba brasileña (que tocó en Río, Serú Girán nació para tocar en ese festival jazz) y por supuesto el tango rioplatense como ningún músico de rock en Argentina. Habla de las referencias al descontrol general de las baladas en “Cómo conseguir chicas” del ’89, y llega a subrayar su gusto por versionar canciones, y eso lo descubre como un escriba que no quiso destacar lo artístico, señalando lo espectacular*.

Pero la peor crítica de todas es la que publica Brecha con la pluma de Andrés Torreón. La recomposición de la relación con el público, para él, se dará con la producción de espectáculos prolijos, ordenados y profesionales. Esto indica que el semanario de izquierdas, o por lo menos una de sus plumas, considera que la cultura pasa por el intercambio de bienesculturales, que necesariamente exigen estas tres características anteriores.



Y puedo comparar a Charly con estos exponentes, porque Torreón señala su vínculo con Palito Ortega, tomando una posición bastante maniqueísta del mundo.

Si pasamos por alto los niveles artísticos que alcanzó Carlos García Moreno es que no nos llegó al cuore, algo a lo que todos tenemos derecho. Ahora, ese no es el tema del crítico. El tipo tiene que hacer otra cosa.

La posición del cronista de cultura es explicar las influencias musicales, comentar los puntos de vista que la obra refleja, conectar su trabajo con otras voces, descubrir su valor en una estética dada. Es decir, expandir la obra a lugares que ni el propio artista conoce.

Si los tipos no escriben sobre su liderazgo en la  producción de rock sinfónico en Argentina, si no consignan los contenidos de sus letras en plena dictadura, ni la fusión musical, ni los artistas que surgieron y desarrollaron a partir de sus bandas, ni su comprensión de lo que es una canción a lo largo de sus discos, no explican por qué Charly García es así.

Lo que ellos dicen es que no les gusta Charly García porque están por encima de él.

Más allá del valor artístico, el creador debe comprometerse con honestidad en cada obra. Seguir sus valores aún cuando la salud paga. La voz de un tiempo termina de la misma manera que su tiempo. Yo no propongo que matarse es parte del juego, digo que las consecuencias por encontrar nuestros fantasmas y plasmarlo en una obra de arte no tiene un final feliz. Y aquí me detengo, para que cada cual reflexione a su manera.

Pero por favor, que sea una discusión digna del arte y no digna de Jorge Rial.

Los dejo con una canción pop, "robada" de James Brown, que la compuso en los peores años del racismo norteamericano.




 
* Cabe consignar que “Promesas sobre el bidet” la escribió mientras se bañaba y tomaba whisky, que “Demoliendo Hoteles” es anterior al disco que señala, que "Eiti Leda" describe la Coca - Cola, la otra droga de Charly García, que se olvidan de "la línea blanca se terminó" de Llorando en el espejo en Serú Girán, y otros bises destacados.

martes, 3 de mayo de 2011

Citizen Marx. A 70 años del estreno de El Ciudadano Kane.

 Citizen Kane es un film con 70 años de vida. Fue estrenado el 1º de Mayo de 1941 (el 10 de diciembre en nuestro país) y consagró en ese año a sus guionistas con el Oscar (Welles-Mankiewicz, se dice que éste último es guionista colaborador de Alicia en el País de las Maravillas1939).

Sin dudas, cualquier cinéfilo coincidirá que Orson Welles, alma mater del proyecto, es uno de los más importantes directores del séptimo arte por innumerables razones. Hoy vamos a sumarle otro porotito.

En una escena memorable por empalagosa*, Charles Foster Kane deja caer un juguete trineo y esboza su última frase: “Rosebud”. Ese dato lo recoge un periodista que decide investigar su origen. El desenlace viene con moraleja: nos enteramos del abandono familiar, su carrera ligada a los medios, y finalmente su desintegración ética y afectiva.

“Rosebud”, el chiche, simboliza ese mundo materno perdido. El abrazo fraternal como el objeto salvador de su alma. Capaz, con la presencia del amor en su niñez, su vida hubiera contado con otros ejes, sin el final solitario del magnate. Es, claramente, una película moral: hay que buscar las cosas significativas de la vida en otro lado.

Me voy a detener sobre la carga afectiva que Foster Kane otorga al juguete.

Esa carga de afectividad que su dueño imprime en el juguete perdido nos acerca a la definición del fetiche. En Foster Kane lo vemos claramente, como también en alguna tribu perdida en el paleolítico, pero ¿podemos observarlo en nuestra vida cotidiana? ¿¡Eh!?

La libertad, bien supremo. Los economistas, los juristas, los revolucionarios franceses e incluso los periodistas multimillonarios encuentran en el liberalismo el “estado natural” de las relaciones humanas.  La libertad como aquello que puedo hacer sin afectar al otro: el otro como límite de mi libertad. Entonces ¿la libertad es a pesar del otro, excluido de mi fórmula?

Substituyo libertad por producción: La producción como aquello que puedo hacer sin afectar al otro: el otro como límite de mi producción. Entonces ¿la producción es a pesar del otro, excluido de mi fórmula? Este caso sí tiene respuesta: el intercambio.

A través del intercambio, quienes producen cosas se relacionan entre sí únicamente intercambiando (intercambiando = el mercado). Y ese toma/daca se comprende como una relación humana y no de objetos, lo que es en definitiva. Las cosas que tenemos funcionando como intermediarios entre nosotros.

Las cosas que cambiamos son el valor de trabajo que costó hacer ese objeto. El problema es que el sentido de valor está cargado por otro ser humano que, en esa operación, valoriza el trabajo que costó hacer ese objeto. Esto se llama el fetichismo de la mercadería, o la apariencia material del valor de cada cosa producida.
“El mundo de la mercancía es un mundo encantado”, decía Carlos Marx. El mercado iguala todo con la fuerza de un tsunami. Interrelaciona todo, todo es intercambiable, todo lo equivale a dinero, el igualador universal. Todo el trabajo humano materializado, como un chiche, es medible en valor y precio con cualquier otro objeto humano. 

Charles Foster Kane se aturdió con el poder del intercambio y el dinero. Es sin dudas una película moral y lo expresa cuando el magnate en su torre de papel acumula obras de arte que ni siquiera abre. Es la expresión del carácter fetichista del american way of live que, además de enamorar con sus chiches, oculta la forma de la producción de las cosas, oculta que cuando cambiamos cosas lo canjeado es trabajo humano sin rostro.

Que es lo mismo que pensar en los humanos como un medio para alcanzar nuestros objetivos. Nosotros mismos como mercancía.

Y sin rostro a su alrededor, sin contacto humano, el poderoso muere con el recuerdo melancólico de su chiche. Como dice Pedro Aznar, “detrás de esta máscara hay un niño asustado”.




Obviamente, los dejo con Money, de PkFlyd.

* Mentira, es brillante. Le pegaron mucho porque al parecer no es verosímil que alguien haya escuchado el susurro final del protagonista. Como ven, una crítica inútil y absurda. Dejo un análisis sobre la realización de la película http://cinematofilos.com.ar/2007/08/algunas-cuestiones-acerca-de-el.html

sábado, 23 de abril de 2011

El día del meteorito

Diez, nueve, ocho,

Los vahos del whisky y las risas nos ayudaron a encontrarnos en cuestiones políticas. Pero eran charlas típicas de borrachos. Nada de cuestiones programáticas, eran soluciones finales clásicas de los beodos. Explico.

En su discurso, Paola era la embajadora de Gea o Gaya, “la de amplio pecho”, la naturaleza anterior al mundo y la razón, la que devino del Caos griego. Ella tiene la clásica angustia que nace luego del pecado original y, por lo tanto, volver a la naturaleza es su expiación. Comprende que el mundo no es sustentable tal como lo explotamos y que se debe parar la maquinaria humana antes que agote los recursos de la tierra.

Textual: “Las consecuencias de ese stop final son daños colaterales”. Es decir, si la muerte de millones de personas servía para detener la gran excavadora de recursos naturales en la que se había convertido la vida humana, chau, se apaga y punto.

Por su parte, Maximiliano confiaba en un instante particular. Compartía la ecopolítica sin hombres de Paola y sumaba un extraño concepto de comunidad.

siete, seis, cinco,

Sostenía la copa, pero también sostenía que era posible la caída de un meteorito en nuestro planeta y que sólo un acontecimiento de tamaña significación podía acercarnos como raza.

La ciencia, tan avanzada como arrogante, será capaz de identificar el meteorito que golpeará el planeta. Simplemente soñar con las consecuencias de tamaña catástrofe lo excitaba. Nos pidió que imagináramos los mares agitados, los terremotos, las cenizas precipitadas sobre la tierra fértil, la incomunicación digital, los recursos escasos.

Aterrador, ¿no?

Una cosa más. Maxi creía en un final sensible. Cuando el cono de sombras invada el planeta, anunciando la caída, todos nos vamos a sentir una comunidad, al fin. Seremos uno y millones, en un empuje empático y uterino.

Para confirmar sus ideas, me mostraron este video:






cuatro, tres, dos, uno,

La cerveza estaba caliente y sin espuma, pero igual la tomo. Un poco para darme tiempo a mí y a ellos también, porque no creía lo que estaba escuchando. Al principio creí que eran un par de ideas infantiles, hasta que recordé la cantidad de películas alusivas* o la cobertura del tsunami japonés. Esto lo creen muchas personas, me dije.

¿Cómo empiezo? Tengo que decir algo. Paso al baño. No es que el documental fuera malo, es que no era novedoso. Para alguien de izquierda, eran temas familiares. Pero uno de esos temas familiares vino a mi mente. Al lavarme las manos entiendo que ambos me hablan del Apocalipsis y no hay nada más político que el final de los tiempos.

Fuente 
En el siglo XIX las ideologías políticas casi no hablan de otra cosa más que del destino final del hombre. Los liberales, afirmando los ideales de la revolución francesa; los comunistas, sobre la base de la crisis del capital y la toma del poder; los anarcos con la desaparición del Estado. Y todo así.

Pero hoy en día no nos interesa. A nadie le importa pensar un poquito en un mundo imaginario y mejor, compararlo con el real y ejercer los cambios para que ambos se parezcan.

Todo eso nos impediría la nueva forma de pensar lo colectivo, que tiene un poco más que ver con el goce sin intermediarios ni lenguaje. Es decir, sin pensamiento ni conciencia. El mundo Coca Cola de las movidas juveniles antes que el de la política de Sophie Scholl, que para el caso vivía su apocalipsis nazi, ¿no?

Sentirte “tal como sos” es imposible si no soy capaz de transformarme en vos y ocupar tu lugar en el mundo, así como quiere Maxi cuando el cono de sombra nos esconda. ¿Cómo explicarle que eso es fascista?

Puedo aceptar que los avances humanos no nos garantizaron una vida más feliz. El siglo XX fue sin dudas el más sicópata. Lo que no acepto es que la industrialización deba sentarse en el banco de los acusados, debe hacerlo el hombre. Algunos.

Buscar un salvador externo e irreflexivo (como la naturaleza o un meteorito, o Dios) no nos quita de las manos el tema central del hombre: las cosas de los hombres son temas de los hombres.

La naturaleza es un tema de los hombres. Otorgarle a la naturaleza el espacio de un “otro” con el cual puedo negociar mano a mano es irracional y suicida. Lo lógico es que la sustentabilidad la dirija el hombre y la defiendan los hombres, y eso se hace con organización, que es un tema de los hombres. Que vuelva la política. Hablo de la polis griega, con todas las letras.

¿Porqué es más fácil pensar en el fin de los días con una explosión antes de pensar en la organización de los intereses de la gente? ¿Cuál final es más loco?


cero, ignición.






* Listado de películas que hablan sobre el fin de los tiempos: si son del tipo ultimátum nuclear es fundamental Dr. Strangelove de Stanley Kubrick 1963, Threads de Mick Jackson 1984, Miracle Mile de Steve de Jarnatt 1988; si viene por la explicación alienígena La guerra de los mundos de Steven Spielberg 2005, La invasión de los ultracuerpos de Don Siegel 1956 y de Philip Kauffman 1978, Independence Day de Roland Emmerich 1996, o si es por pandemia (o zombies, que para las pelis yankies es lo mismo) con The Omegaman de Boris Sagal de 1971, Twelve Monkeys de Terry Gilliam de 1995, Infection de Albert Pyun 2005, Carriers de Alex y David Pastor 2009, o "2084" de George Blumetti del año pasado.

Pero de lo que nos compete, la distropía natural, recomiendo Hijos de los Hombres de Alfonso Cuaró 2006, obvio Armaggedon de Michael Bay 1998, o Deep Impact de Mimi Leder 1998, o la más ajustada para nuestro caso El día de Mañana, también de Roland Emmerich pero de 2004. También recomiendo El tiempo del Lobo de Michael Haneke 2003, o El Síndrome de China de James Bridges 1973.



miércoles, 20 de abril de 2011

Hat Trick: Con la exposición de racismo de ayer en Malvín Norte, me acordé de Marcola.

Fuente Panorama Digital
Hoy leo los diarios capitalinos y me encuentro con dos noticias referentes a los megaoperativos de saturación que implementa el Ministerio. La primera expresa el malestar entre los jueces y la policía y la segunda explica que la intención de las fuerzas de seguridad es evitar el comportamiento mafioso de la delincuencia, como hoy se encuentra en las favelas brasileñas.

Esto me hizo recordar la entrevista a Marcola.

En Mayo de 2007 el periodista Arnaldo Jabor, del diario O Globo de Brasil, publicó una Entrevista a Marcos Camacho, Marcola. Él es jefe de la banda carcelaria de Sao Paulo denominada Primer Comando de la Capital (PCC).

Esta fue la entrevista:

- ¿Usted es del PCC?

- Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnostico era obvio: Migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía... ¿Qué hicieron? Nada.

¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las favelas, de los morros, o en la música romántica sobre la belleza de esas montañas al amanecer, esas cosas... Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social ¿Vio? Yo soy culto. Leo al Dante en la prisión.

- Pero la solución sería...

- ¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de solución ya es un error. ¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una tiranía esclarecida que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice.

¿O usted cree que los chupasangres no van a actuar? Si se descuida van a robar hasta al PCC. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal del país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta conference calls entre presidiarios...) Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.

- ¿Usted no tiene miedo a morir?

- Ustedes son los que tienen miedo a morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva especie, ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común. ¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja...!

Fuente BBC
Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo al Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. ¿Ustedes no escuchan las grabaciones hechas con autorización de la justicia? Es eso. Es otra lengua. Está delante de una especie de post miseria. Eso. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio.

- ¿Qué cambió en las periferias?

Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en super stars del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos globales. Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros clientes. Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos.

- ¿Pero, qué debemos hacer?

- Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a los barones del polvo (cocaína)! Hay diputados, senadores, hay generales, hay hasta ex presidentes del Paraguay en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata? No tienen dinero ni para comida de los reclutas. El país está quebrado, sustentando un estado muerto con intereses del 20% al año, y Lula todavía aumenta los gastos públicos, empleando 40 mil sinvergüenzas.

¿El ejército irá a luchar contra el PCC? Estoy leyendo Klausewitz, Sobre la Guerra. No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros... solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya pensó en eso? ¿Ipanema radiactiva?.

- Pero... ¿No habrá una solución?

- Ustedes sólo pueden llegar a algún éxito si desisten de defender la normalidad. No hay más normalidad. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero ser francos, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida.

Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: "Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno".

Hasta acá la entrevista. No se excite, es apócrifa. Fue escrita por un periodista en el mismo papel de Orson Wells cuando adaptó para  radio La Guerra de los Mundos y desató el pánico.

Es la forma que este intelectual, Arnaldo Jabor, encontró para cargar de afecto a aquel lado oscuro de la sociedad basada en el capital. Ya que no podemos ejercer el civismo suficiente para transformar la maquinaria de desarrollo, tememos sus consecuencias. Y pedimos más fuerza contra ese miedo, fuerza bruta, para que lo esconda. Pero no puede, porque el racismo no se esconde con facilidad.



jueves, 7 de abril de 2011

Lo que no decimos al encarcelar a un adolescente con un mayor (Parte I)

Foto infobae.com
La convocatoria a juntar firmas para plebiscitar una baja en la imputabilidad de los menores de 18 años es un fracaso político pero un éxito popular. Mientras la defensa de esa posición no tiene asidero lógico, la campaña acapara espacios mediáticos y ya es el clásico tema de las peluquerías de todo estrato social.

La agenda de temas que los uruguayos discutimos tiene a este ítem muy destacado. Y es así que devela una parte del alma nacional. En vez de discutir sobre la violencia doméstica para que ninguna mujer muera ni viva el atropello de un hombre violento, nos cargamos en los hijos de ese hombre, niños y adolescentes expulsados de todo concepto parecido a “hogar”.

En vez de discutir la incidencia del alcohol en la cantidad de muertes por accidentes de tránsito, multamos de por vida a los consumidores de sustancias ilegalizadas. Ni hablar de sustancias endosadas a los pobres. Más aún, en Uruguay no hay espacio ni para hablar de consumo de sustancias, siquiera. Apenas unos amagues para la tribuna.

El problema es el delito contra la propiedad. Aquí se revela el racismo oriental en cada ocasión posible, como en cada ocasión que tiene Telenoche. Me consta que periodistas como Leonardo Pedrouza trata de impregnar sus informes con el costado social de cada familia, tanto víctimas como victimarios. Pero una voz solitaria es muy poco contra el sistema.

El problema, repito, es el delito contra la propiedad. Y es que la maquinaria necesita a la propiedad como base de las condiciones materiales de una sociedad. Lo que aquí defienden los pro cárceles con mayores es la consolidación de la maquinaria uruguaya de desarrollo y su consecuente división social del trabajo. En esta ocasión, van contra los que no se pueden organizar. Y todo esto, con la máquina de desarrollo bajo la dirección de un gobierno progresista.

El problema es que no sabemos ver lo que nos pasa como país con otro filtro que no incorpore a la seguridad. Nos falta un lente de mayor aumento. Ciegos entre tanta firma.

La semana que viene la sigo. Los dejo con un gran tema de PkFlyd, del disco Animals.