Gregori Samsa sube al estrado y agradece a los jueces por la distinción. Ganó un
premio. Luego corre su flequillo “Kurt Cobain” con su decimoséptima patita,
mientras explica que toda su alienación está presente en su música y que su
difusión le permitió integrarse al mundo, una cosa muy complicada para una
cucaracha. Eso, que hablando de su drama es modelo para otros jóvenes. Después
pidió que lo den vuelta, y se fue bajo un baño de aplausos.
Al final una de las inspiradoras de la marcha autoconvocada y apolítica ni era tan auto ni tan apolítica. La opereta mediática era tan burda que no duró un día. Sin embargo, me queda en la cabeza la intención. Parece que ocupar un espacio inhibe la opinión de quien lo ocupa. Defender una posición de cualquier tipo es visto como una defensa de intereses particularísimos y, para zafar de eso, hay que limpiarse del pecado y bautizarse de vuelta: soy sólo un ciudadano. Pero, ¿un colorado no es un ciudadano?
Cuando
Antel “se equivoca” los medios y los liberales se remilgan porque tienen una de
las pocas ocasiones para gritar su respuesta ideológica sin que nadie les objete
nada. Los Olimareños tocan en un festival pero no pueden cobrar por Antel, Paul
no puede cobrar por Antel. ¡Y mucho menos enviar mensajes de texto del Pit-Cnt!
Pero, ¿por qué? Porque es pública. Habrá que empezar a llenar de contenido el
sentido de lo público, porque se mezclaron los asuntos.
Es imponente la manera en la cual se construye la opinión pública. Que en definitiva es la estructura que los medios de comunicación otorgan a los temas, junto a la devolución de sus audiencias. Éstas últimas, atomizadas, analizadas, comparadas, con todo ese trabajo clínico y detectivesco encima son, con su movimiento, las grandes protagonistas del mareo y lucidez de los tiempos que corren.
Hoy se debatió sobre el impuesto a los grandes terratenientes, cuyo tratamiento se extenderá porque esta tarde el acuerdo no apareció. Es un tema importante que, a pesar de mantener en rigor la estructura económica del país, se vive como la vida o la muerte. La noticia corre como un debate en Intrusos: igual de profunda, terraja y prescindible. Igual de imperiosa, ineludible, o cínica. Y eso que no cambia nada, porque políticamente es un “mensaje” a los más ricos y nada más.
Si eso existe, sirve y se replica. De lo contrario, no es funcional al sistema. Es el motivo del Código Da Vinci, donde un detalle abre un abismo de información para descubrir algo que a nadie le interesa. Pensar que la Iglesia Católica se va a caer porque descubramos científicamente que “el flaco” la puso es bastante infantil. No importa, el volumen de data es apabullante y no conocerlo es quedarse afuera de algo social que nadie sabe muy bien qué es. Es la cultura de masas.
Y la cultura de masas se alimenta de nada. Es necesario que así sea. Alimenta la atención hasta en sus detalles ínfimos, sus quiebres y fisuras. Te engancha para estar en vilo y constantemente renueva sus motivos. Pero los motivos para estar enganchados, la operación de prensa, es no descubrir que en el fondo no existe nada. Como una ola que rompe en la arena y demuestra que no llevaba nada ni nadie. Y ahí reside el poder.
Vamos a dar vuelta un ejemplo. Pongamos que Zaira Nara me da bola. ¿Qué hace un flaco cualquiera para levantarse una mina? Los primeros contactos sirven para conocerse e intercambiar impresiones. Si las impresiones son buenas, el tiempo juntos es mayor y la buena onda nos ilumina; si todo parece acompañarnos, empezamos a salir como pareja y vamos a comer. Son dos tipos que se quieren a un paso de compartir sus vidas.
Pongamos que no, que me quiero colgar de las tetas de la mina. No solo por atracción sino por prensa. Mercaderes y periodistas siempre persiguieron y perseguirán a los mediáticos y yo aprovecho la volada porque me quiero posicionar. Digamos que a la mina le sirve, porque quiere mantener el perfil de novia de Argentina y evitar la grasa que le chorrea a la hermana.Morfamos en un restorán paquete y no paro hasta las tapas de los diarios . Son dos tipos que necesitan prensa.
Amor o negocio. ¿La posta es importante ? No, los dos puntos son perfectamente válidos en el caldo de la opinión pública. Lo importante es establecer la duda, la fracción suficiente para tejer la red arqueológica de archivo, publicaciones, debate. Borrar el límite entre juego y realidad, entre intereses y convicciones. Y eso vale tanto para Intrusos como para el informativo de las siete, ocho o nueve de la noche.
Sin el sueño por ser famosos o poderosos no hay angustia vital. Sin angustia vital no hay dudas.Sin la duda (como la establecimos) no hay rating. Sin rating no se venden minutos de televisión. Sin minutos de televisión los productores no venden. Sin productores no hay mundo posible (productores en general y en particular, por eso no quieren tocar el bolsillo a los rurales, ¿no?).
Hay que salir de ese círculo vicioso. Quiero decir: a nadie le interesan dos tipos que van a juntar sus vidas, de eso hay en todos lados. Justamente eso, lo que hay en todos lados, nos va a rescatar de este mundo descripto por Guy Debord en su “sociedad del espectáculo”.
Por eso, Zaira, si tocan la puerta no abras. Ya terminé, salgo de la compu y te preparo la cocoa que te prometí a la tarde.
Los vahos del whisky y las risas nos ayudaron a encontrarnos en cuestiones políticas. Pero eran charlas típicas de borrachos. Nada de cuestiones programáticas, eran soluciones finales clásicas de los beodos. Explico.
En su discurso, Paola era la embajadora de Gea o Gaya, “la de amplio pecho”, la naturaleza anterior al mundo y la razón, la que devino del Caos griego. Ella tiene la clásica angustia que nace luego del pecado original y, por lo tanto, volver a la naturaleza es su expiación. Comprende que el mundo no es sustentable tal como lo explotamos y que se debe parar la maquinaria humana antes que agote los recursos de la tierra.
Textual: “Las consecuencias de ese stop final son daños colaterales”. Es decir, si la muerte de millones de personas servía para detener la gran excavadora de recursos naturales en la que se había convertido la vida humana, chau, se apaga y punto.
Por su parte, Maximiliano confiaba en un instante particular. Compartía la ecopolítica sin hombres de Paola y sumaba un extraño concepto de comunidad.
siete, seis, cinco,
Sostenía la copa, pero también sostenía que era posible la caída de un meteorito en nuestro planeta y que sólo un acontecimiento de tamaña significación podía acercarnos como raza.
La ciencia, tan avanzada como arrogante, será capaz de identificar el meteorito que golpeará el planeta. Simplemente soñar con las consecuencias de tamaña catástrofe lo excitaba. Nos pidió que imagináramos los mares agitados, los terremotos, las cenizas precipitadas sobre la tierra fértil, la incomunicación digital, los recursos escasos.
Aterrador, ¿no?
Una cosa más. Maxi creía en un final sensible. Cuando el cono de sombras invada el planeta, anunciando la caída, todos nos vamos a sentir una comunidad, al fin. Seremos uno y millones, en un empuje empático y uterino.
Para confirmar sus ideas, me mostraron este video:
cuatro, tres, dos, uno,
La cerveza estaba caliente y sin espuma, pero igual la tomo. Un poco para darme tiempo a mí y a ellos también, porque no creía lo que estaba escuchando. Al principio creí que eran un par de ideas infantiles, hasta que recordé la cantidad de películas alusivas* o la cobertura del tsunami japonés. Esto lo creen muchas personas, me dije.
¿Cómo empiezo? Tengo que decir algo. Paso al baño. No es que el documental fuera malo, es que no era novedoso. Para alguien de izquierda, eran temas familiares. Pero uno de esos temas familiares vino a mi mente. Al lavarme las manos entiendo que ambos me hablan del Apocalipsis y no hay nada más político que el final de los tiempos.
En el siglo XIX las ideologías políticas casi no hablan de otra cosa más que del destino final del hombre. Los liberales, afirmando los ideales de la revolución francesa; los comunistas, sobre la base de la crisis del capital y la toma del poder; los anarcos con la desaparición del Estado. Y todo así.
Pero hoy en día no nos interesa. A nadie le importa pensar un poquito en un mundo imaginario y mejor, compararlo con el real y ejercer los cambios para que ambos se parezcan.
Todo eso nos impediría la nueva forma de pensar lo colectivo, que tiene un poco más que ver con el goce sin intermediarios ni lenguaje. Es decir, sin pensamiento ni conciencia. El mundo Coca Cola de las movidas juveniles antes que el de la política de Sophie Scholl, que para el caso vivía su apocalipsis nazi, ¿no?
Sentirte “tal como sos” es imposible si no soy capaz de transformarme en vos y ocupar tu lugar en el mundo, así como quiere Maxi cuando el cono de sombra nos esconda. ¿Cómo explicarle que eso es fascista?
Puedo aceptar que los avances humanos no nos garantizaron una vida más feliz. El siglo XX fue sin dudas el más sicópata. Lo que no acepto es que la industrialización deba sentarse en el banco de los acusados, debe hacerlo el hombre. Algunos.
Buscar un salvador externo e irreflexivo (como la naturaleza o un meteorito, o Dios) no nos quita de las manos el tema central del hombre: las cosas de los hombres son temas de los hombres.
La naturaleza es un tema de los hombres. Otorgarle a la naturaleza el espacio de un “otro” con el cual puedo negociar mano a mano es irracional y suicida. Lo lógico es que la sustentabilidad la dirija el hombre y la defiendan los hombres, y eso se hace con organización, que es un tema de los hombres. Que vuelva la política. Hablo de la polis griega, con todas las letras.
¿Porqué es más fácil pensar en el fin de los días con una explosión antes de pensar en la organización de los intereses de la gente? ¿Cuál final es más loco?
* Listado de películas que hablan sobre el fin de los tiempos: si son del tipo ultimátum nuclear es fundamental Dr. Strangelove de Stanley Kubrick 1963, Threads de Mick Jackson 1984, Miracle Mile de Steve de Jarnatt 1988; si viene por la explicación alienígena La guerra de los mundos de Steven Spielberg 2005, La invasión de los ultracuerpos de Don Siegel 1956 y de Philip Kauffman 1978, Independence Day de Roland Emmerich 1996, o si es por pandemia (o zombies, que para las pelis yankies es lo mismo) con The Omegaman de Boris Sagal de 1971, Twelve Monkeys de Terry Gilliam de 1995, Infection de Albert Pyun 2005, Carriers de Alex y David Pastor 2009, o "2084" de George Blumetti del año pasado.
Pero de lo que nos compete, la distropía natural, recomiendo Hijos de los Hombres de Alfonso Cuaró 2006, obvio Armaggedon de Michael Bay 1998, o Deep Impact de Mimi Leder 1998, o la más ajustada para nuestro caso El día de Mañana, también de Roland Emmerich pero de 2004. También recomiendo El tiempo del Lobo de Michael Haneke 2003, o El Síndrome de China de James Bridges 1973.