viernes, 29 de junio de 2012

No quiero un Graffiti


Premios Graffiti. Fuente.

Gregori Samsa sube al estrado y agradece a los jueces por la distinción. Ganó un premio. Luego corre su flequillo “Kurt Cobain” con su decimoséptima patita, mientras explica que toda su alienación está presente en su música y que su difusión le permitió integrarse al mundo, una cosa muy complicada para una cucaracha. Eso, que hablando de su drama es modelo para otros jóvenes. Después pidió que lo den vuelta, y se fue bajo un baño de aplausos.




La sociedad, tan consumista, tan tribalizada, tan indiferente a raíz de tanta exposición, encontró un nuevo producto para incorporar al consumo a los que aún estaban afuera, las cucarachas, y así legitimar, ante la sociedad toda, a los simpáticos insectos heterometábolos paurometábolos (las cucas), pero también a la propia sociedad de consumo. Y todo gracias al disco “Hoy pido licencia médica en el laburo”, de Gregori Samsa.

Hoy frases como éstas suenan muy lejos: «Si un productor quiere ocuparse de Patricio Rey en grabaciones, o en lo que sea, está invirtiendo una cantidad. Y para resarcirse de lo que invirtió deberá vender a Patricio Rey de alguna manera que no tiene absolutamente nada que ver con lo que Patricio Rey quiere hacer». Es la manager de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la Negra Poli, explicando que el mensaje y el medio en el cual se comunica, en el arte, están ligados.

Teodoro Adorno y Max Horkheimer señalaban en Dialéctica del Iluminismo que la industria cultural ejercía un poder e influencia supremos, tanto en el proceso industrial material, como en la adquisición y promoción de hábitos y legitimaciones. “El principio –de la industria cultural- impone presentar al consumidor todas las necesidades como si pudiesen ser satisfechas por la industria cultural, pero también organizar esas necesidades en forma tal que el consumidor aprenda a través de ellas que es sólo y siempre un eterno consumidor, un objeto de la industria cultural”.

Nuestra Bestia Pop. Felicitaciones.
Fuente
Y ta, cada año se reorganizan las necesidades, cristalizadas en un símbolo que representa a un aerosol que servía para escribir leyendas con ideas marginales, que ahora es tomado como un arte por la usina cultural, que promueve toda la música. Y todos felices, integrados y contentos, sin necesidad de generar arte a partir de la reflexión profunda sobre el lugar donde estamos y nuestro tiempo.

En esto el público también es cómplice, es la contracara de una misma moneda. Adorno y Horkheimer recuerdan, en su Crítica de la Razón Instrumental, que “La sugestión hipnótica que ejercían tales superhombres falsos como Hitler (o como un referente cultural), se deriva menos de lo que ellos piensan, dicen o hacen, que de su gesticulación, su manera de conducirse, que para hombres privados de toda espontaneidad por la deformación industrial, necesitan que se les enseñe cómo se gana amigos y se influye sobre los hombres, y encuentran en ellos una especie de comportamiento”.


Es Pomelo. Al final, no está tan bueno el Graffiti.




Vamos las Bandas, de PRysusRR

Pd: Lo que hizo Marquitos de Motosierra fue una boludez. Pero lo quiero así.


Pd2: Se que hay una banda que se llama Gregorio Samsa, pero no hago referencia ni a ella ni a ninguna, sólo al proceso de captura de las usinas culturales y su posterior devolución como mercancía.

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